El Qi es la energía vital que forma la esencia de todos los materiales. Aunque es difícil de definir, se puede considerar como la energía que activa el universo. Es el elemento fundamental que produce la interacción dinámica entre el Yin y el Yang y entre los cinco elementos.
El Qi se condensa y se dispersa, en ciclos alternativos de energía positiva (Sheng Qi) y negativa (Sha Qi), y se materializa en diferentes formas y aspectos. No se puede crear ni destruir. El Qi se transforma y reaparece en nuevos estados de existencia. Según esto, todos los estados de existencia son manifestaciones temporales del Qi, especialmente los de la materia física.
El Qi es el origen de todo movimiento del universo. Los movimientos de las estrellas y los planetas, la radiación del sol y los esquemas de nuestros pensamientos y emociones se producen gracias al Qi.
Es considerado como la fuente de nuestra fuerza vital y el factor animado que hay en todos los seres vivos. El Qi es dinámico, circula de manera invisible a través de los diferentes espacios afectando nuestra vida. El Qi está presente en todos lados, es la fuerza siempre presente que circula y mueve el entorno. Está afuera y adentro de las casas, en la tierra, el agua, a través de las montañas, en todo y en todos.
El Feng Shui trata de capturar, manejar o controlar el Qi para que éste sea positivo y benéfico.
En el Feng Shui, existen tres tipos de Qi: el Qi Celestial, el Qi Terrenal y el Qi Vital.
El Qi Celestial o Suerte del Cielo es la energía cósmica que mantiene unido el universo. De allí se deriva la astrología, tanto la china como la occidental. Nacemos con un destino predeterminado, que constituye una tercera parte de nuestra vida, no podemos cambiarlo.
El Qi Terrenal o Suerte de la Tierra se origina a partir de las formas de nuestro entorno, montañas, ríos, construcciones. El Feng Shui trata de aprovechar positivamente esta energía que nos rodea.
El Qi Vital o Suerte del Hombre es la vida de cada ser humano, es el campo energético que nos rodea y que va más allá de la parte visible del cuerpo. Podemos cultivar nuestro Qi, para mejorar nuestra salud y bienestar. El Qi Vital también abarca nuestros pensamientos, con lo cual podemos mejorar nuestro Qi vital con una actitud positiva.
La interacción de estos tres tipos de Qi rige y define nuestro Destino. En otras palabras, estamos influenciados por la suerte del Cielo, la suerte de la Tierra y la suerte del Hombre.
El Qi que forma los cielos y la tierra es, en esencia, el mismo que forma los seres vivos. Según los antiguos filósofos chinos, el Wuji (el gran vacío) está formado por Qi. El Qi se condensa y se convierte en millones de cosas. Las cosas se desintegran necesariamente y vuelven al Wuji. Si se condensa el Qi, se hace visible y aparecen las formas físicas. El Qi que está dispersándose es sustancia, lo mismo que cuando está condensándose. Todo nacimiento es una condensación y toda muerte, una dispersión.
El Qi humano difiere en calidad y cantidad en todas las personas. En ocasiones el Qi puede bloquearse, lo que ocasiona enfermedades. Es idóneo que el Qi del ser humano esté en concordancia con el del entorno. Esta armoniosa interacción de estos dos tipos de Qi es lo que se busca en el Feng Shui.